El futbol ha sido en muchas ocasiones un elemento que supera las cuestiones políticas y culturales a lo largo de la historia.
Este deporte ha sido capaz de “enfrentar” de manera amistosa a países, pueblos o grupos de gente en conflicto. Uno de los capítulos más relevantes en este sector tuvo lugar durante la Copa del Mundo de 1974.
Alemania era el país sede de la máxima competencia del futbol. En ese entonces el país estaba dividido en Alemania Oriental y Alemania Occidental.
La división del país también tuvo repercusión en el mundo del futbol y Alemania contaba con dos selecciones.
Fue justamente en 1974 cuando el Mundial se celebró en territorio teutón, que Alemania Oriental se enfrentó a la Occidental. El histórico día fue el22 de junio de 1974 y el escenario fue un abarrotado Volksparkstadion en Hamburgo.
Ambas selecciones tenían asegurado el pase a la siguiente fase tras el empate entre Australia y Chile unas horas antes, por lo que el partido serviría para ver cuál de los dos equipos clasificaba como líder, pero sobre todo, para demostrar que el futbol es un deporte que puede unir a los pueblos.
Algunas personas recordaban la famosa “Tregua de Navidad”, ocurrida muchas décadas antes, durante la Primera Guerra Mundial y en donde soldados de Alemania y Francia dejaron las trincheras por un día durante la Navidad de 1914 para, entre otras cosas, jugar un partido de futbol.
El encuentro tuvo pocas oportunidades de gol y ambos equipos salieron al campo con un respeto absoluto sobre el rival. Se estaba jugando un partido de futbol, pero en las tribunas y en el campo las sensaciones eran totalmente distintas. Un país dividido en dos por cuestiones políticas enfrentaba a sus dos bloques.
Alemania Occidental, con Gerd Muller y Franz Beckenbauer como sus grandes figuras, era la gran favorita. Para sorpresa de todos fue Alemania del Este la que ganó el partido con un solitario gol de Jurgen Sparwasser al minuto 77.
En la siguiente fase las dos Alemanias quedaron en grupos separados y la Oriental quedó eliminada; el equipo Occidental avanzó como líder de sector y a la postre se coronó campeón del torneo.
Ese día y durante los 90 minutos que duró el partido, los aficionados alemanes fueron testigos de cómo el futbol es capaz de lograr lo que la política muchas veces no puede. Ese día, el mundo fue testigo de uno de los partidos más emotivos en la historia. Y también quiso el destino que el árbitro de ese histórico cotejo fuera un uruguayo, Ramón Barreto.

 

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