Y Carlos Gardel sigue cantando mejor cada día

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Es 24 de junio y, como en el tango, la nostalgia invade los corazones de los admiradores de Carlos Gardel. El «zorzal criollo», como se conoce al cantor cuyo nacimiento sigue siendo motivo de polémica entre Argentina, Uruguay y Francia, murió un día como hoy hace 80 años, en un terrible accidente de aviación en Medellín.

Gardel viajaba a bordo de una avioneta en Colombia cuando el aparato, un trimotor, se salió de pista al intentar despegar y se chocó de frente con otro. La muerte del hombre que hizo del tango un himno nacional sin fronteras, dejó huérfano al género.

El recuerdo de Gardel resucita estos días con homenajes en la tierra donde murió y en la que creció. En Buenos Aires se alza el telón con una exposición en el Museo Histórico Nacional que ilustra quién era, por fuera y por dentro, la mejor voz del tango argentino. Cómo entendía el cine, sus películas, la música y la vida.

Al «Morocho del Abasto» se le reconocía por la calle por sus elegantes trajes, zapatos y, como en el escenario, hasta por sus sombreros. De puertas adentro, el hijo de una planchadora que no conoció a su padre, disfrutaba del mate, del sabor de los cigarrillos y de escribir cartas.

Hijo natural de Bertha Gardés algunos aseguran que su padre era un viajante de comercio que estaba casado y tenía hijos mientras otros señalan a Carlos Escayola, un caudillo político uruguayo. La verdad sigue siendo un misterio y nadie puede demostrar si «El Mago» llegó al mundo en Tacuarembó, Toulouse o en Buenos Aires.

Gardel estaba en la cima de su carrera, y su leyenda adquirió otro elemento mítico, la supervivencia del héroe después de su muerte: durante muchos años se dijo que había sobrevivido con la cara deformada y permanecía escondido».

La muerte violenta y la leyenda suelen ir de la mano en las figuras célebres que mueren temprano. Gardel tenía 44 años cuando falleció.

En Medellín, esa ciudad, que hoy se identifica con los carteles de la droga, fue enterrado «Carlitos» pero sus restos permanecieron poco tiempo allí. Armando Delfino, su albacea, logró repatriar el féretro. Antes, hizo escala en poblaciones del interior de Colombia, en Panamá y en Estados Unidos. Después, partiría en barco rumbo a la ciudad de Buenos Aires. Desde entonces, lo que quedaba de Gardel descansa en el cementerio de la Chacarita.

 

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