El humor está de luto: Murió Daniel Rabinovich

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Daniel Rabinovich, integrante del grupo argentino Les Luthiers, falleció a los 71 años, a raíz de varios problemas cardíacos. Un grande del humor, que jamás será olvidado por quienes gustan del humor de tal prestigioso grupo.

"Nos sentamos a hacer un espectáculo y tratamos de que nos salga lo más lindo posible. Convengamos que no es un humor trillado, es un humor inteligente, por decirlo de alguna manera. Lo que nos interesa es que la gente se muera de risa y sonrisa", es algo que decía Daniel Rabinovich hace un tiempo, realizando la descripción de lo que hizo durante más de 45 años de carrera. Fue actor, músico, notario, escritor y uno de los integrantes fundadores de Les Luthiers. Con Les Luthiers hizo reír a miles de personas no solo en Argenitna, sino en el mundo, durante más de 45 años.

En el 2012, sufrió un preinfarto durante una gira por nuestro país, por este motivo decide alejarse un tiempo de los escenarios en aquel entonces y en marzo de 2015, su salud volvió a empeorar, lo que le impidió seguir formando parte asidua de los shows programados. Será velado hoy en la Casa O'Higgins, en Belgrano.

 

Un poco sobre él...

Daniel Abraham Rabinovich Aratuz, alias Neneco, había nacido en Buenos Aires, el 18 de noviembre de 1943. "De chico, me crié en el Palacio de los Patos, un complejo de viviendas ubicado en Ugarteche y Las Heras, en Buenos Aires, donde viví hasta los 18 años", recordaba Rabinovich en su biografía oficial publicada en la web de Les Luthiers. "Allí había varios folkloristas, que me dejaban asistir a sus reuniones. Fue donde por primera vez escuché cantar a voces y tocar la guitarra". Su madre había estudiado piano, su padre -un abogado penalista- también tenía la costumbre de cantar y silbar tangos, y él comenzó a temprana edad a conocer el arte de la música. Desde los 7 a los 13 años estudió violín, instrumento que cambió a los 14 por la guitarra, soñando convertirse en un gran folklorista, una meta que intentó alcanzar al formar el grupo Los Amanecidos durante su adolescencia.

A los 18, ingresó a la Universidad de Buenos Aires, en donde estudió derecho primero y luego se recibió de escribano público. Durante esta etapa se unió al coro de la facultad de Ingeniería, en donde conoció a los futuros integrantes de Les Luthiers, grupo que nació en 1967. Rabinovich no tenía un solo traje cuando empezó con el grupo, pero al año de haber comenzado ya había logrado comprarse su primer departamento sobre Avenida del Libertador. Durante los primeros años cantaba y tocaba la guitarra y un instrumento llamado "latín", que era una parodia del violín. Con el correr del tiempo fue ganando protagonismo actoral hasta convertirse en uno de los integrantes más destacado del grupo. "Con los chicos ya somos como un monumento. Somos débiles, inseguros, pero somos un gol de media cancha como grupo humorístico y como espectáculo. Es un envase brutal para estar adentro. Es un muy buen matrimonio de cinco señores que en vez de parir chicos paren espectáculos".

Daniel se casó con Susana con quien tuvo dos hijos, Inés y Fernando. Vivía en Vicente Lopez, en una casa que cada tanto le gustaba redecorar y en donde disfrutaba de construir nuevos espacios, como la bodega que hizo con sus propias manos en el garage o el altillo que convirtió en su espacio personal. Le gustaba pasar el tiempo en el club jugando al billar de tres bandas o en la computadora al bridge, pero uno de sus placeres favoritos era jugar con sus nietas.

Además de Les Luthiers, probó suerte en la televisión y en el cine formando parte de, por ejemplo, la película Espérame mucho (1983) y las miniseries Los gringos (1984) y La memoria (1985).

Durante los últimos años se lo pudo ver en la serie Tiempo Final (2002), La familia potente (2003) y La Dueña (2012), aunque su última pasión fue la escritura. "En Les Luthiers soy cantante, payaso, actor, pero no escribo. Las ideas son de los demás. Un día me puse a escribir una idea, de un divorcio de una pareja y me gustó mucho ese poder de hacerles hacer a los personajes lo que yo quería. Yo no creo en Dios, pero era un poco como ser Dios. Me empezaron a llegar ideas y empecé a escribirlas, y a sentir el poder que yo veía en mis compañeros. Pero no me siento escritor. Me siento actor, payaso, músico a veces, pero escritor todavía no"

"La críticas no me pesan, la vida me pasa por otras partes. Por actuar bien, por estar con mis hijos, mis nietas, mi mujer", decía un hombre que sin lugar a ninguna duda supo disfrutar de la vida acompañado siempre del mejor humor.

Despedimos a un artista enorme. A una persona enorme, que tantas alegrías nos ha dado y que jamás se olvidará. Hasta siempre, Daniel.

Fuente informativa: La Nación

 

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