La catedral de Santa Sofía en medio el conflicto greco-turco

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La catedral de Santa Sofía en Estambul fue construida por el emperador Justiniano I, en lo que antes era Constantinopla, como catedral de la Iglesia ortodoxa oriental.

Además de su espectacular belleza, cumplía una función esencial: era sede del patriarca ortodoxo y las ceremonias imperiales bizantinas -como coronaciones- se realizaban en su interior.

Ese estatus continuó durante 900 años, salvo un breve período en el siglo XIII en que fue una catedral católica bajo control de invasores europeos que saquearon y ocuparon Constantinopla durante la Cuarta Cruzada.

La suerte de Constantinopla cambió dramáticamente en 1453, cuando el Imperio Otomano bajo el sultán Mehmed II capturó la ciudad y la rebautizó como Estambul, poniendo fin al dominio bizantino. Para los griegos sigue siendo una fecha maldita que marca uno de los episodios más tristes de su historia.

Al entrar a Santa Sofía, Mehmed II insistió en que fuera renovada y convertida en mezquita. El primer viernes de oraciones se realizó pocos días después de que el lugar fuera saqueado por sus fuerzas.

Arquitectos otomanos retiraron o recubrieron con yeso los símbolos ortodoxos del interior y añadieron capiteles y minaretes a la estructura.

El poderoso Imperio Otomano llegó a su fin tras la Primera Guerra Mundial y su territorio fue dividido entre los aliados victoriosos. De sus escombros nació también el Estado moderno de Turquía, gracias a un fuerte movimiento nacionalista.

Su fundador y primer presidente secular, Mustafá Kemal Ataturk, ordenó que Santa Sofía se convirtiera en museo.

Los historiadores dicen que la recién establecida República de Turquía buscaba incluir los legados de todas las civilizaciones que formaron el país, incluyendo la bizantina y la otomana, al tiempo que reafirmaba su carácter secular con esa decisión.

Sin embargo, grupos islamistas y musulmanes devotos reavivaron el llamado para que el monumento fuese transformado otra vez en mezquita, argumentando que mantener su estatus de museo socava la soberanía de Turquía.

En 2015 una ONG conservadora llamada Asociación Juvenil Anatolia realizó oraciones matutinas frente a Santa Sofía y en 2018, el presidente Erdogan leyó versos del Corán dentro del museo. Y en una campaña anterior a las elecciones locales de 2019, el mandatario dijo que había sido un "muy grave error" convertir Santa Sofía en un museo.

Ahora, con la luz verde que dio el tribunal a la reconversión, la tensión histórica entre Grecia y Turquía aumentará. Ya está en un punto alto debido a las disputas por perforaciones de gas natural en el Mediterráneo, la crisis de refugiados y conflictos fronterizos.

Además de las repercusiones políticas y diplomáticas de la medida recién aprobada en Turquía, hay que tener en cuenta el estatus de Santa Sofía como patrimonio de la humanidad. Muchos temen por la integridad histórica y artística de esta joya arquitectónica.

"Su estatus de museo permite que se desplieguen las obras bizantinas y las otomanas lado a lado. No es como si unas u otras hubieran sido borradas. Coexisten pacíficamente. Cambiar eso crearía algo completamente diferente", sostiene el profesor Dionysios Stathakopoulos, experto en el Imperio Bizantino de la Universidad de King's College de Londres.

"Muchos monumentos que han sido reconvertidos en mezquitas después de ser museos del Estado moderno de Turquía, han visto sus obras de arte y sus estructuras severamente cambiadas y dañadas", afirma el catedrático.

El escritor más famoso de Turquía, Orhan Pamuk, dijo que la decisión barre con el "orgullo" que algunos turcos tenían de ser una nación musulmana secular. "Hay millones de turcos seculares como yo que lloran por esto, pero sus voces no se escuchan".

Información adicional

  • COPETE: De museo a mezquita
  • TEMATICA: Mundo

 

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