Las líneas y los geoglifos de Nazca

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Las Líneas de Nazca siempre han supuesto uno de los más grandes enigmas de la humanidad, llevando de cabeza a arqueólogos, historiadores e investigadores. Se trata de más de 800 geoglifos precolombinos, que representan figuras como animales y plantas, repartidos en una extensión de unos 1000 km cuadrados en pleno desierto de Nazca, en las Pampas de Jumana, en Perú. Hablamos de 10.000 líneas, con una longitud de más de nueve km. y 30 metros de ancho aproximadamente, por tanto, perfectamente identificables desde el cielo.
El descubrimiento fue realizado por el conquistador Pedro Cieza de León en 1547. Desde entonces han sido numerosas las hipótesis acerca del origen de las mismas.
En el año 1568 el corregidor Luís Monzón escribió que las referencias de las que hablaba Pedro Cieza de León eran carreteras.
En 1927 el arqueólogo peruano Toribio Mejía Xesspe las divisó mientras hacía senderismo, y en 1936 presenta Acueductos y caminos antiguos de la hoya de Río Grande de Nasca en el XXVII Congreso Internacional de Americanistas, en Lima.
En 1941 el geógrafo e historiador estadounidense Paul Kosok estableció, gracias a la técnica del Carbono 14, la antigüedad de las líneas en 550 años d.C., y planteó la hipótesis de que las líneas fueron diseñadas como un gigantesco calendario astronómico.
Su compañera, la arqueóloga y matemática alemana y nacionalizada peruana María Reiche, «la dama de la Pampa», siguió la labor de Kosok y dedicó toda su vida a la conservación de las líneas y a investigar la inspiración de sus creadores en las estrellas, convencida al igual que Kosok de que podrían tratarse de un gran calendario astronómico.
Posteriormente, en 1968, Erich von Däniken, detractor del estudio de Paul Kosok y de la propia María Reiche, fue, sin duda, gracias a sus obras Recuerdos del futuro y El Mensaje de los dioses, quien dio a conocer al mundo las líneas. Según el autor suizo, la tierra fue visitada por alienígenas en tiempos de la cultura Nazca, siglo I d.C., y las líneas fueron creadas a modo de pistas de aterrizaje para las naves, en honor de los “dioses” para que volvieran a honrarlos con su visita.
En 1994 el Comité de la Unesco inscribió las líneas y los geoglifos de Nazca y de Pampas de Jumana como Patrimonio Mundial de la Humanidad.

 

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