Mientras que se suceden las protestas populares contra el régimen del presidente Omar al-Bashir reclamando su dimisión, las principales potencias del mundo y de la región lo apoyan para asegurar “estabilidad”.
Las manifestaciones comenzaron en las provincias tras el aumento del precio del pan, que se triplicó de pronto, para luego extenderse a todo el país incluyendo la capital, Khartoum. Los analistas consideran que son el mayordesafío que ha tenido el general Bashir desde que tomó el poder en 1989 mediante un golpe de estado con apoyo de sectores islámicos y suprimió toda forma de libertades y representación democrática.
La represión a las protestas ya ha ocasionado más de 20 muertos, según cifras oficiales. A pesar de ello, países influyentes con muy diversos intereses continúan apoyando a Bashir, de 75 años.
Entre ellos se cuentan Qatar y Arabia Saudita, países árabes rivales en el Golfo, China, Rusia y Estados Unidos.
“Todos los campos en la región están enfrentados unos con otros, pero de alguna forma están de acuerdo en mantener a Bashir”, dice un analista. “Favorecen la continuidad. Creen que cualquier otra alternativa no sería favorable para sus intereses”.
Egipto, que tiene estrechos lazos históricos con Sudán, ha reclamado repetidas veces por estabilidad en su vecino del sur. Ambos comparten y dependen de las aguas del Nilo.
Los gobiernos árabes se muestran ansiosos por apoyarlo para evitar que se repitan fenómenos como la “Primavera árabe” de 2011. Según otro analista, “están en contra de cualquier levantamiento popular que pueda tener éxito. Temen que si sucede, ellos serán los siguientes”.
El régimen de Sudán brindó refugio al fundador de Al-Qaeda, Ossama bin Laden, en la década de los 90. Luego desarrolló lazos con el Irán chiita hasta la ruptura en el 2016. Entonces se alió con Arabia Saudita e incluso ha enviado tropas a la guerra de Yemen como parte de la “coalición árabe” que combate a los rebeldes houthis respaldados por Irán.
Bashir está requerido por la Corte Criminal Internacional por crímenes de guerra, incluyendo genocidio en la región de Darfur, una provincia del oeste de Sudán.
Nada de esto parece preocupar a la “comunidad internacional”. En octubre de 2017, Estados Unidos levantó un embargo comercial de décadas en recompensa por la “cooperación” de Khartoum. Por su parte, China y Rusia han invertido millones de dólares en Sudán y ven al país como una puerta de entrada a África. Nadie quiere que Bashir caiga.
Fuentes: AFP – L’Orient-Le Jour

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